Sin viento en la vela

El Museo Marítimo de Luanco exhibe en una de sus salas «La Bañuguera», embarcación utilizada por pescadores de Bañugues a partir de 1927.

Atracado «en batería» en el interior del Museo Marítimo de Luanco –un lugar del mundo en el que el visitante «camina sobre la mar»–, su vela enorme y llena de heridas de salitre y de viento casi parece que se hincha empujada por la imaginación de quien la contempla. Sin embargo, no hay brisa ni viento. No hay ventanas abiertas ni corrientes de aire que la hagan bailar. Tal parece que el tiempo detenido ha esculpido en escayola las perfectas ondas de su tela, abierta como un abrazo de gigante que no puede cerrar sus brazos extendidos para siempre. Esta vela es parte del alma de «La Bañuguera», una embarcación que nació en 1927 y que fue el medio de vida y sustento para varios pescadores de Bañugues durante los difíciles y duros años de principios del siglo XX. Concretamente a partir de 1930.
Recién pintada y con su peculiar motor de tres caballos de marca Yeregui colocado en el exterior, dentro de una urna de cristal para que pueda ser observada por el visitante, «La Bañuguera» sabe bien de la extrema dureza del trabajo de la mar, sobre todo pensando en aquellos años en que navegaba por el Cantábrico, por aquel entonces con seis tripulantes a bordo. Cuenta el director del museo, José Ramón García, que en esta embarcación de 1,70 de manga, 6,90 de eslora y 0,76 de puntal partían los seis pescadores de Bañugues hacia la Estaca de Bares, el punto más septentrional de la península Ibérica, en Galicia, a buscar diversos tipos de marisco.
El largo y duro viaje se repitió muchas veces en el tiempo y, como era imposible realizarlo en una jornada, los pescadores hacían noche en el puerto de Viavélez, en el concejo de El Franco. Allí dormían, buscando el calor de unos cuerpos contra otros, en una embarcación que al mismo tiempo era su casa, intentando descansar a la espera de poner rumbo a tierras gallegas, refugiándose del frío y de la lluvia cubiertos únicamente por la vela.
Como dice el director del museo luanquín, «La Bañuguera», como tantas otras embarcaciones de pesca asturiana de principios de siglo, «es un ejemplo más de la lucha por la supervivencia en Asturias en unos años de extrema pobreza, y aún más en el caso del sector pesquero en todo el norte del país».
Los herederos de Julián García Fresno, que guardaron la embarcación años después de dejar de salir a la mar –uno de los motivos por los cuales se encuentra en tan buen estado– la donaron al Museo Marítimo de Luanco en el año 2004. Gracias a ellos conocemos su historia.
Hoy, y en medio de ese mar detenido en el tiempo que bien se puede pisar cuando se acude al Museo Marítimo de Luanco, «La Bañuguera» impone respeto y admiración a quien la contempla. Sin viento en la vela, navega sin embargo por el mar de la memoria compartida, contra la que nada pueden todas las galernas del olvido.

Los rapaces de lanche

Algunos libros sobre el mundo de la mar y la pesca en Asturias se refieren a la figura de los «rapaces de lancha», niños de entre 9 y 12 años entre cuyas tareas tenían la de ir llamando casa por casa para despertar a los pescadores para salir a la mar. Cabe recordar que en el Archivo Histórico Municipal de Gozón se conserva un bando, que data de 1851, que reza lo siguiente: «Los muchachos de las lanchas besugueras que acostumbran a llamar a los tripulantes a la una y a las dos de la noche, tocando bígaros y otros instrumentos, sufrirán el arresto de dos horas si después de haberles llamado por espacio de una hora continuasen incomodando a las poblaciones con los mencionados bígaros». Así lo recoge Toño Cuervo Rodríguez en su artículo «Aprendices del mar», del libro «Asturias y la mar», editado por LA NUEVA ESPAÑA en 2006.
Así señala este autor que «en Luanco, en la primera mitad del siglo XIX, despertaban tanto a pescadores como al resto de los vecinos con el estruendoso ruido del soplar de caracolas (turullos), a las que previamente se les realizaba una apertura en su vértice. Cada rapaz tenía que avisar, uno a uno, a la tripulación de su embarcación». Ni que decir tiene que, entre la chiquillería local, ser rapaz de lancha era todo un motivo de orgullo.

El Museo Marítimo de Luanco
Ubicación: Se encuentra en Luanco, en una institución integrada en la Fundación Cultural del Ayuntamiento de Gozón. Fundado en 1948, es el decano de los museos asturianos.

Contenido: Dedicado a la catalogación, recogida, estudio y exposición de todo tipo de materiales y documentos relacionados con la actividad marítima. Los fondos museográficos están divididos en cuatro secciones: carpintería de ribera (durante años una actividad en casi todos los puertos asturianos y hoy en vías de extinción); biología marina, pesca tradicional e historia de la navegación. A todo ello hay que añadir colecciones de iconografía marítima como artes industriales (en vidrio, porcelana, plata, marfil) y otras exposiciones puntuales.

Horario: De 11.00 a 14.00 y 17.00 a 20.00 horas. Lunes cerrado. Domingos y festivos, de 11.00 a 14.00 horas.

fuente/lne.es

Comments are closed.